YO MUERO HOY -  Presentación del libro de Olga Rodríguez
YO MUERO HOY -  Presentación del libro de Olga Rodríguez

'YO MUERO HOY. LAS REVUELTAS EN EL MUNDO ÁRABE' POR OLGA RODRÍGUEZ

Lunes 28 de mayo, a las 19,30h., en la Fundación Euroárabe. (Granada. San Jerónimo, 27)

En la presentación, la periodista y escritora Olga Rodríguez, estará acompañada por el Catedrático de Ciencia Política, Juan Montabes, que realizará la introducción y la intervención del actor Juan Diego Botto.

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Las revueltas árabes de 2011 no surgieron por generación espontánea. Detrás de la caída de dictadores como Ben Alí, Mubarak o Gadafi hay una larga lucha silenciosa del activismo clandestino en defensa de los derechos humanos, de los movimientos obreros y de las agrupaciones que llevan años trabajando por la justicia social. La constancia de unos pocos sentó las bases y creó los cauces para canalizar el hartazgo de la mayoría. Sin unos y otros las revueltas no habrían tenido lugar.

Los movimientos colectivos estallan solo cuando un cúmulo de elementos se encuentran, se mezclan y la mecha prende. Yo muero hoy cuenta las causas, los retos y historia de esas revueltas, que han marcado los dos últimos años, a partir de las historias individuales de algunos de sus protagonistas. Historias que demuestran que, como dijo Eduardo Galeano, “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.

LA AUTORA

Olga Rodríguez Francisco es periodista y escritora. Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, especialista en información sobre Oriente Medio y Especialista Universitaria en Contenciosos de Oriente Medio por la UNED. Ha desarrollado buena parte de su carrera profesional en la Cadena SER, Cuatro y CNN+. Trabaja como colaboradora en el diario Público, en eldiario.es (a punto de salir a la luz), en RNE y en Periodismo Humano. Ha ejercido como periodista enviada especial en Afganistán, Estados Unidos, Egipto, Irak, Irán, Israel, Jordania, Kosovo, Líbano, México, Siria, Túnez, Libia, Territorios Ocupados Palestinos y Yemen, entre otros.

Autora de los libros “El hombre mojado no teme la lluvia: Voces de Oriente Medio” (Debate, 2009), “Aquí Bagdad. Crónica de una guerra” (2004) y del libro colectivo “José Couso, la mirada incómoda” (2004), así como del ensayo breve “Karama, las revueltas árabes” (EnDebate, 2011).

Entre sus galardones están el Premio Club Internacional de la Prensa al Mejor Trabajo Informativo 2006 por sus reportajes desde Gaza y Ciudad Juárez, Premio Pluma de la Paz 2005, Premio Ortega y Gasset colectivo 2003 y Premio Turia a la Mejor Contribución de Medios 2003 por su trabajo informativo desde Bagdad, desde donde cubrió toda la invasión de Irak.

Ha declarado en dos ocasiones en la Audiencia Nacional como testigo del ataque estadounidense contra el hotel Palestine de Bagdad en 2003, que mató a dos periodistas -uno de ellos José Couso- e hirió a varios más.

EL LIBRO

Prólogo.

Las revueltas árabes de 2011 no surgieron por generación espontánea como si de un brote de varicela se trataran. Detrás de ellas hay una historia de lucha por un cambio real a través del activismo clandestino, de la defensa de los derechos humanos, de los movimientos obreros, de las agrupaciones que llevan años trabajando por la justicia social. La constancia de la militancia de unos pocos sentó las bases y creó los cauces para canalizar el hartazgo de muchos. Sin unos y otros las revueltas no habrían tenido lugar.

Cada país árabe tiene sus peculiaridades y por eso no sería correcto atribuir a todos los levantamientos populares las mismas causas, pero es cierto que comparten contextos. Todos ellos han estado marcados por la corrupción, la falta de libertad, la represión contra todo tipo de disidencia y la grandes desigualdades sociales y económicas.

En los últimos años sus economías habían experimentado una transformación. Se abrieron a la liberalización de sus mercados, redujeron las inversiones públicas y las ayudas sociales e impulsaron la privatización de empresas públicas. En algunos casos, como el de Egipto, estas políticas no hicieron más que beneficiar a una elite frente a los más desfavorecidos, ya de por sí afectados por el gran recorte de los servicios públicos y por la privatizaciones. En todos ellos habían aumentado el desempleo, la pobreza y las desigualdades, agravadas por la crisis económica global. En 2008 sufrieron un incremento de precios de productos básicos como el pan, provocado, entre otras razones, por la especulación en los mercados financieros internacionales.

Junto a estas razones ha habido otros factores relacionados con las emociones que jugaron un papel importante. Las revoluciones árabes han sido un estado de ánimo, una actitud dominada por un optimismo adoptado no desde la ingenuidad o la ignorancia, sino desde una elección consciente de sus riesgos. Solo desde la certeza de que el cambio es posible se puede protestar, luchar e incluso arriesgar la vida.

En estos meses he conocido a cientos de personas capaces de extraer energía y valor en los momentos más adversos para mantener viva la llama de la protesta, la única arma de un pueblo contra el poder que le despoja de sus derechos, de su dignidad.

Así son los movimientos colectivos. Irrumpen solo cuando un cúmulo de elementos variados se encuentran, se mezclan, estallan. Más allá de las explicaciones racionales, políticas, económicas y sociológicas, surge un ingrediente aparentemente simple pero imprescindible: lo instintivo, lo intuitivo, el impulso.

En la base de toda reflexión descansa el lenguaje de las emociones. Quizá por eso el novelista egipcio Alaa Aswany ha comparado la vehemencia de la “revolución” con un proceso de enamoramiento, en el que opera, desde los recovecos del subconsciente, como motor fundamental del cambio, un instinto vital capaz de avanzar enfrentándose a los más graves obstáculos, representados aquí en la violencia que las fuerzas de seguridad han ejercido contra los manifestantes.

Yo muero hoy.

Tan solo en los 18 días de la primera etapa de la “revolución” egipcia murieron ochocientas personas y miles más resultaron heridas. En la primera línea de batalla algunos jóvenes, conscientes de que se jugaban la vida, gritaron “yo muero hoy”, no porque desearan la muerte o el martirio, sino porque en su balanza de preferencias pudo más la dignidad, la certeza de que no había marcha atrás, el deseo del cambio, que el miedo. “Yo muero hoy” encierra el ansia por sentirse vivo, no desde la cercanía a la muerte, sino desde la toma de conciencia de sí mismo como ciudadano y no como súbdito.

Uno de los aspectos que más me han destacado quienes han participado en las revueltas es su orgullo por poder formar parte al fin de un proyecto colectivo en el que había cabida para todos. “Hoy siento que vivo de nuevo” y “hoy muero hoy”, dos gritos que han resonado en las plazas de las revueltas, y que, aunque aparentemente contradictorios, forman parte de una misma actitud colectiva en la que venció la apuesta de la lucha, con sus terribles riesgos, por encima del temor al castigo e incluso a la muerte.

Este libro pretende acercarse a la experiencia vital de las protestas en el mundo árabe a través de los ojos de algunas personas que han participado en las revueltas. Son manifestantes, activistas, abogados defensores de los derechos humanos, o blogueros con los que he compartido conversaciones y vivencias. A algunos los conozco desde hace años, a otros no. No son los únicos protagonistas de las revueltas. En realidad éstas no tienen ni dueños ni protagonistas. Han sido producto de un trabajo colectivo y anónimo que, en cierto modo, no podría haber avanzado sin la aportación de cada uno de sus participantes.

A su vez, estas páginas intentan enmarcar las protestas árabes en un contexto histórico más amplio que vuelve la mirada a las décadas pasadas, sin el cual no sería posible comprender las causas, los orígenes y la importancia de la llamada revolución árabe.

Egipto es el eje central de “Yo muero hoy”, por varias razones. Es el país árabe más poblado del mundo -con 85 millones de habitantes-, alberga en su territorio el canal de Suez -principal vía marítima que conecta Asia con el Mediterráneo- y comparte frontera con Gaza e Israel. La firma de los acuerdos de paz entre Egipto e Israel en 1979 facilitó al gobierno de Tel Aviv implementar sus políticas de ocupación en los territorios palestinos sin temer ya una guerra directa con su vecino árabe. A cambio, Estados Unidos recompensó a Egipto con importantes ayudas económicas. Desde entonces el Ejército egipcio recibe una media de 1.300 millones de dólares al año de Estados Unidos, una cifra solo superada por la ayuda estadounidense a las Fuerzas Armadas israelíes. Un Egipto realmente democrático y libre de injerencias extranjeras podría facilitar un cambio de equilibrios en toda la región.

A través de los acontecimientos de Egipto, “Yo muero hoy” se acerca a los otros cinco países donde las revueltas han calado más hondo y han provocado cambios fundamentales en la sociedad y en la situación política: Túnez, Libia, Siria, Yemen y Bahrein, con especial atención a Siria, por ser escenario de choque de intereses internacionales, y a Libia, donde las revueltas derivaron en un conflicto armado con intervención extranjera.

Ha habido grandes movilizaciones en otros países árabes, como Marruecos, Omán o Jordania, pero allí las reformas anunciadas por sus gobiernos frenaron su empuje, al menos temporalmente. En las zonas chiíes de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar también se registraron protestas a las que las autoridades respondieron con el aumento de salarios y otra serie de incentivos. En el caso de Arabia Saudí, la respuesta también llegó a través de la represión ejercida por las fuerzas de seguridad contra los manifestantes. En Irak las movilizaciones terminaron desinflándose a causa del agotamiento colectivo provocado por la guerra y la ocupación, a las tensiones políticas y las desconexiones territoriales.

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