El tatuaje amazigh: un universo de significados

Los tatuajes amazigh son de gran riqueza, un universo de significados que se remonta a siglos atrás. El canal digital Arte+7 ha realizado un documental de gran interés sobre la presencia actual de los tatuajes en Túnez. En él se presenta a Manel, una joven de 28 años, de profesión tatuadora, única mujer tatuadora en la capital de Túnez.

Los tatuajes son tan antiguos como la vida misma. A lo largo de la historia, las personas se han tatuado por diferentes motivos; para marcar su identidad, mostrar su pertenencia a grupos sociales, para recordarse a sí mismos ese algo o alguien esencial en su vida…

Si bien el hecho de tatuarse se ha frivolizado bastante en occidente, llegando a estar más relacionado con la moda que con el significado profundo que tradicionalmente ha tenido, hay culturas para las que esto no siempre ha sido así. Culturas donde el tatuaje, más que una moda, es un arte que encierra un sentido esencial para la vida humana, representando la pertenencia a un grupo social; protegiendo, incluso, de enfermedades y desgracias.

Entre estas culturas, destaca la de los bereberes o Imazighen. Existe un gran desconocimiento acerca de los descendientes de la dinastía amazigh, de su historia y su realidad actual. Se trata de un pueblo autóctono del Norte de África con identidad y cultura específicas. Ha desarrollado un intenso entramado de relaciones económicas, culturales, sociales y políticas desde la antigüedad con pueblos del Mediterráneo como los fenicios, los griegos, los romanos y, posteriormente, con italianos, españoles y franceses.

Los tatuajes amazigh son de gran riqueza, un universo de significados que se remonta a siglos atrás. El canal digital Arte ha realizado un documental de gran interés sobre la presencia actual de los tatuajes en Túnez. En él se presenta a Manel, una joven de 28 años, de profesión tatuadora; es la única mujer tatuadora en la capital de Túnez.

Manel realiza un viaje al corazón de Túnez para estudiar los orígenes de su oficio entre los bereberes, para encontrar las raíces de los tatuajes amazighes, difusas en el panorama tunecino actual. En el paso de una generación, el tatuaje ha desaparecido prácticamente, de la tradición del país.

Así, en la actualidad, los tatuajes cuentan con una mala imagen entre la sociedad tanto de Túnez como de otros países árabes, al ser considerados haram o pecado por amplios sectores de la sociedad de acuerdo con la interpretación del hadiz.

En consecuencia, es complicado legalizar la situación laboral de tatuadores como Manel; es por ello por lo que ella desarrolla su labor a domicilio en la capital de Túnez.

Por otro lado, las personas tatuadas son, casi siempre, estigmatizadas; así pues, el negocio de la eliminación de tatuajes con la técnica del láser se encuentra en auge en Túnez.  Y las personas que se deciden a conservar sus tatuajes no los muestran. La misma Manel afirma: “Incluso mi familia, no termina de aceptar que me dedique a esto”.

Pero en las zonas rurales, en el corazón de Túnez, la tradición sigue viva en la piel de mujeres amazigh que siguen viviendo el tatuaje como un arte de significado profundo. El papel de la mujer en la transmisión de la cultura y la tradición es (y ha sido) incontestablemente importante. Es en Somra, primera etapa del viaje de Manel, donde empieza a constatarse este hecho.

Allí, una mujer bereber tatuada le cuenta que “cuando una mujer iba a casarse, se tatuaba la cara para confirmar que estaba prometida”. Así, los tatuajes cumplían una función similar a la del anillo de compromiso.

Fatema es otro ejemplo de la riqueza del tatuaje amazigh. “Cuando me tatué por primera vez, fue como su hubiera hecho un peregrinaje a la casa de Dios. Tal era la profundidad que este significado tenía para mí”, señala, con emoción.

“Una mujer sin tatuajes… Hasta su comida sabía peor”, dice, entre risas. Eliminar estos tatuajes era casi un pecado. La profundidad de su significado era tal que se consideraba que cuando una persona sufría alguna desgracia, un tatuaje podría solucionar la situación, hacer que el pesar se fuera. “Los tatuajes podían sanar, con la ayuda de Dios”.

Un dicho popular bereber dice que “un tatuaje sobre el brazo vale más que una pulsera de oro”. También la parte del cuerpo donde se tatuaba guardaba una intensa relación con su sentido pudiendo, incluso, llegarse a proteger al bebé de una mujer embarazada, tal y como se pensaba. Por otro lado, cada dibujo guarda relación con la procedencia a  una región y un pueblo determinados.

Los tatuajes también podían ser considerados una ofrenda, dependiendo del motivo tatuado. Por ejemplo, un pez significaba un deseo de que la persona tatuada gozara de buena salud. La gacela, la belleza de la mujer tatuada. Se pensaba que la rana traía cosas buenas y protegía de las malas.

“Todo lo que he aprendido de las mujeres que he conocido en este viaje lo compartiré con los demás. Lo que los tatuajes han significado para las mujeres de nuestro pueblo, es parte de lo que somos hoy”. Aquí termina el viaje de Manel por el corazón de Túnez y la rica historia de este arte que encierra un universo de significados.

Fundación Euroárabe. María de la Cruz Gutierrez.

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